FF CONTACTO
EL MUNDO DE LA MENTE DIVINA -5
 
Espacio y omnipresencia.
 
De la propia suerte, tampoco hay en el mundo real un problema referente al espacio. 
 
¿Quién podrá señalar limites en el espacio ni decir lo que hay más allá de los límites cuando en el mundo real podemos concentrarnos en todo cuanto deseamos experimentar? 
 
En el mundo real desaparece toda posibilidad de separación en el espacio ni cabe la idea de “tamaño”, pues el átomo es igual al sol.
   
 
En nuestro mundo imaginal vemos como innumerables objetos diferentes, separados de nosotros en el espacio y distantes de nosotros, pero en el mundo real sentimos todos los objetos, todas las cosas y todos los seres como si estuviesen en nuestro interior.
   
 
En el mundo real se ven las gentes, las naciones y las razas con todos sus movimientos, a la humanidad entera como realidades que ya no forman grupos separados, pero capaces de unirse, sino que son una unidad, un Ser que entraña la multiplicidad de los diversos seres. 
 
Sin embargo, es imposible expresar esta idea en inteligible lenguaje, porque no hay palabra adecuada al concepto de la unidad en el mundo real de cosas y seres que en el mundo imaginal son antinomias en constante e irreducible oposición.
 

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EL MUNDO DE LA MENTE DIVINA -5

 

Espacio y omnipresencia.

 

De la propia suerte, tampoco hay en el mundo real un problema referente al espacio.

 

¿Quién podrá señalar limites en el espacio ni decir lo que hay más allá de los límites cuando en el mundo real podemos concentrarnos en todo cuanto deseamos experimentar?

 

En el mundo real desaparece toda posibilidad de separación en el espacio ni cabe la idea de “tamaño”, pues el átomo es igual al sol.

  

 

En nuestro mundo imaginal vemos como innumerables objetos diferentes, separados de nosotros en el espacio y distantes de nosotros, pero en el mundo real sentimos todos los objetos, todas las cosas y todos los seres como si estuviesen en nuestro interior.

  

 

En el mundo real se ven las gentes, las naciones y las razas con todos sus movimientos, a la humanidad entera como realidades que ya no forman grupos separados, pero capaces de unirse, sino que son una unidad, un Ser que entraña la multiplicidad de los diversos seres.

 

Sin embargo, es imposible expresar esta idea en inteligible lenguaje, porque no hay palabra adecuada al concepto de la unidad en el mundo real de cosas y seres que en el mundo imaginal son antinomias en constante e irreducible oposición.

 

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REFLEXIONES -49
 
“Estamos todos en el mismo carro, yendo a la ejecución; 
¿Cómo puedo odiar a alguien o desear mal a alguien?” 
 
Palabras de Santo Tomás Moro antes de ser decapitado.
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REFLEXIONES -49

 

“Estamos todos en el mismo carro, yendo a la ejecución;

¿Cómo puedo odiar a alguien o desear mal a alguien?”

 

Palabras de Santo Tomás Moro antes de ser decapitado.

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EL MUNDO DE LA MENTE DIVINA -4
 
El tiempo en lo eternal.
 
   Lo mismo sucede respecto a nuestros problemas de tiempo y espacio. 
 
Ya he mencionado que la cosa en sí es perpetuamente la misma entidad desee el comienzo hasta el fin de su manifestación, y que existe continuamente como realidad en el mundo de la Mente divina. 
 
Esta realidad e s la verdadera cosa en ser en sí, y lo que en el mundo imaginal percibimos en cualquier momento es tan sólo la ilusoria sombra del verdadero ser. 
 
En el mundo real, todo cuanto en el terreno llamamos evolución, cambio o desenvolvimiento, está presente en perpetua realidad. 
 
Cuando en el mundo real consideramos el profundo problema del principio del tiempo, no podemos menos que sonreír de semejante problema, pues no es posible cuándo empezó el tiempo, porque ¿cómo puede un período que es una cosa continua en el mundo de lo real, tener principio ni fin. 
 
Allí no experimentamos el principio ni el fin de un ciclo de evolución porque toda está en completa unidad. 
 
Así la Teosofía o divina experiencia en el mundo real, desecha el problema del principio del tiempo, que ni la innumerable sucesión de manvántaras y pralayas podrá jamás resolver. 
 
El esplendor de la Verdad tal como se experimenta en el mundo real es infinitamente superior a cualquier solución dada por la lógica de la mente inferior.
 
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EL MUNDO DE LA MENTE DIVINA -4

 

El tiempo en lo eternal.

 

   Lo mismo sucede respecto a nuestros problemas de tiempo y espacio.

 

Ya he mencionado que la cosa en sí es perpetuamente la misma entidad desee el comienzo hasta el fin de su manifestación, y que existe continuamente como realidad en el mundo de la Mente divina.

 

Esta realidad e s la verdadera cosa en ser en sí, y lo que en el mundo imaginal percibimos en cualquier momento es tan sólo la ilusoria sombra del verdadero ser.

 

En el mundo real, todo cuanto en el terreno llamamos evolución, cambio o desenvolvimiento, está presente en perpetua realidad.

 

Cuando en el mundo real consideramos el profundo problema del principio del tiempo, no podemos menos que sonreír de semejante problema, pues no es posible cuándo empezó el tiempo, porque ¿cómo puede un período que es una cosa continua en el mundo de lo real, tener principio ni fin.

 

Allí no experimentamos el principio ni el fin de un ciclo de evolución porque toda está en completa unidad.

 

Así la Teosofía o divina experiencia en el mundo real, desecha el problema del principio del tiempo, que ni la innumerable sucesión de manvántaras y pralayas podrá jamás resolver.

 

El esplendor de la Verdad tal como se experimenta en el mundo real es infinitamente superior a cualquier solución dada por la lógica de la mente inferior.

 

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SOBRE EL AMOR -30

El amor es como el mar, se ve el principio pero no el final. 


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SOBRE EL AMOR -30

El amor es como el mar, se ve el principio pero no el final.

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REFLEXIONES -48
“Toda la dicha que hay en este mundo, toda proviene de desear que los demás sean felices; y todo el sufrimiento que hay en este mundo, todo proviene de desear ser feliz yo.” 
Shantideva

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REFLEXIONES -48

“Toda la dicha que hay en este mundo, toda proviene de desear que los demás sean felices; y todo el sufrimiento que hay en este mundo, todo proviene de desear ser feliz yo.”

Shantideva

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FLOR DE AMOR
Amor, no te culpo; la culpa fue mía, no hubiera yo sido de arcilla común habría escalado alturas más altas aún no alcanzadas, visto aire más lleno, y día más pleno. Desde mi locura de pasión gastada habría tañido más clara canción, encendido luz más luminosa, libertad más libre, luchado con malas cabezas de hidra. Hubieran mis labios sido doblegados hasta hacerse música por besos que sólo hicieran sangrar, habrías caminado con Bice y los ángeles en el prado verde y esmaltado. Si hubiera seguido el camino en que Dante viera los siete círculos brillantes, ¡Ay!, tal vez observara los cielos abrirse, como se abrieran para el florentino. Y las poderosas naciones me habrían coronado, a mí que no tengo nombre ni corona; y un alba oriental me hallaría postrado al umbral de la Casa de la Fama. Me habría sentado en el círculo de mármol donde el más viejo bardo es como el más joven, y la flauta siempre produce su miel, y cuerdas de lira están siempre prestas. Hubiera Keats sacado sus rizos himeneos del vino con adormidera, habría besado mi frente con boca de ambrosía, tomado la mano del noble amor en la mía. Y en primavera, cuando flor de manzano acaricia un pecho bruñido de paloma, dos jóvenes amantes yaciendo en la huerta habrían leído nuestra historia de amor. Habrían leído la leyenda de mi pasión, conocido el amargo secreto de mi corazón, habrían besado igual que nosotros, sin estar destinados por siempre a separarse. Pues la roja flor de nuestra vida es roída por el gusano de la verdad y ninguna mano puede recoger los restos caídos: pétalos de rosa juventud. Sin embargo, no lamento haberte amado -¡ah, qué más podía hacer un muchacho, cuando el diente del tiempo devora y los silenciosos años persiguen! Sin timón, vamos a la deriva en la tempestad y cuando la tormenta de juventud ha pasado, sin lira, sin laúd ni coro, la Muerte, el piloto silencioso, arriba al fin. Y en la tumba no hay placer, pues el ciego gusano se ceba en la raíz, y el Deseo tiembla hasta tornarse ceniza, y el árbol de la pasión ya no tiene fruto. ¡Ah!, qué más debía hacer sino amarte; aún la madre de Dios me era menos querida, y menos querida la elevación citérea desde el mar como un lirio argénteo. He elegido, he vivido mis poemas y, aunque la juventud se fuera en días perdidos, hallé mejor la corona de mirto del amante que la de laurel del poeta.
OSCAR WILDE

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FLOR DE AMOR

Amor, no te culpo; la culpa fue mía, no hubiera yo sido de arcilla común habría escalado alturas más altas aún no alcanzadas, visto aire más lleno, y día más pleno.

Desde mi locura de pasión gastada habría tañido más clara canción, encendido luz más luminosa, libertad más libre, luchado con malas cabezas de hidra.

Hubieran mis labios sido doblegados hasta hacerse música por besos que sólo hicieran sangrar, habrías caminado con Bice y los ángeles en el prado verde y esmaltado.

Si hubiera seguido el camino en que Dante viera los siete círculos brillantes,
¡Ay!, tal vez observara los cielos abrirse, como se abrieran para el florentino.

Y las poderosas naciones me habrían coronado, a mí que no tengo nombre ni corona; y un alba oriental me hallaría postrado al umbral de la Casa de la Fama.

Me habría sentado en el círculo de mármol donde el más viejo bardo es como el más joven, y la flauta siempre produce su miel, y cuerdas de lira están siempre prestas.

Hubiera Keats sacado sus rizos himeneos del vino con adormidera, habría besado mi frente con boca de ambrosía, tomado la mano del noble amor en la mía.

Y en primavera, cuando flor de manzano acaricia un pecho bruñido de paloma, dos jóvenes amantes yaciendo en la huerta habrían leído nuestra historia de amor.

Habrían leído la leyenda de mi pasión, conocido el amargo secreto de mi corazón, habrían besado igual que nosotros, sin estar destinados por siempre a separarse.

Pues la roja flor de nuestra vida es roída por el gusano de la verdad y ninguna mano puede recoger los restos caídos: pétalos de rosa juventud.

Sin embargo, no lamento haberte amado -¡ah, qué más podía hacer un muchacho, cuando el diente del tiempo devora y los silenciosos años persiguen!

Sin timón, vamos a la deriva en la tempestad y cuando la tormenta de juventud ha pasado, sin lira, sin laúd ni coro, la Muerte, el piloto silencioso, arriba al fin.

Y en la tumba no hay placer, pues el ciego gusano se ceba en la raíz, y el Deseo tiembla hasta tornarse ceniza, y el árbol de la pasión ya no tiene fruto.

¡Ah!, qué más debía hacer sino amarte; aún la madre de Dios me era menos querida, y menos querida la elevación citérea desde el mar como un lirio argénteo.

He elegido, he vivido mis poemas y, aunque la juventud se fuera en días perdidos, hallé mejor la corona de mirto del amante que la de laurel del poeta.

OSCAR WILDE

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EL MUNDO DE LA MENTE DIVINA -3
 
Realidad del espíritu y de la materia.
 
   Cuando tratamos de plantear en la realidad del mundo divino cualquiera de los problemas de nuestra vida diaria, vemos que no lo hayamos resuelto sino que ni siquiera merece solución, porque lo ha sustituido la realidad que entrañaba.
   
Así respecto al problema de las relaciones entre el espíritu y la materia, vemos que los conceptos  de espíritu y la materia no tienen el significado que le atribuimos en nuestro ordinario mundo, donde consideramos el espíritu y la materia como dos antagónicas entidades,  como si la materia y el espíritu lo fuesen cada cual por sí mismos.
   
Pero en el mundo de la Mente divina nos vemos en unión con la única Realidad en las que todas las cosas existen y de la que son modalidades de manifestación, desde el átomo ultérrimo hasta la más alta entidad que conozcamos. 
 
Entre el átomo ínfimo y el Ser supremo no hay diferencia de calidad ni hay un grupo de manifestaciones a que podamos llamar materia y a tras espíritu. Amabas palabras han perdido significado. 
 
En el mundo divino, el átomo de materia es tan real como el supremo Ser, y entre ambos no hay diferencia esencial sino de grado de vida, que en el Supremo alcanza toda su gloriosa e inefable plenitud.
    
Si en el mundo real tratamos de comprender de que proviene la idea de oposición entre el espíritu y l matera, inferimos que cuando una superior manifestación de la Mente divina se pone en contacto con una manifestación inferior, no puede esta expresar aquella y por lo tanto le es una limitación.
  
En el contacto de una manifestación superior de la Mente divina con otra inferior aparece en nuestro mundo imaginal como si la superior estuviera limitada por algo que la encierra, y a este sentido de limitación le llamamos forma.
   
Por el contrario, cuando en el mundo real se pone en contacto con nosotros una manifestación superior de la Mente divina, sentimos en el mundo imaginal lo que llamamos “espíritu” o “vida”. Así es que la manifestación superior le parece a la inferior espíritu o vida, mientras que la inferior manifestación es “materia” o forma respecto de la superior.
    
De aquí resulta que la misma manifestación puede ser vida para la inferior y materia o forma para otra superior. Por ejemplo, el hombre puede ser vida para las manifestaciones inferiores y ser al propio tiempo materia para otras mucho más superiores, a pesar de que en ambos casos es el hombre el mismo ser en sus funciones como vida y en otras como materia.
   
Así pues ¿en dónde está la abrumadora gravedad de nuestro problema sobre la diferencia entre espíritu y materia o entre vida y forma? Lo que llamamos materia es sencillamente el modo en que la inferior manifestación aparece a la superior. 
 
Así las palabras espíritu y materia y vida y forma denotan una relación entre las diversas manifestaciones de la Mente divina y no tienen de por sí ningún significado.
   
De la propia suerte, las teosóficas dualidades del Yo y del no-Yo, de purusha y prakriti o como quiera que se le llame, no son distinciones entre diferentes tipos de cosas sino que también son palabras que denotan el modo en que una manifestación de la Mente divina aparece a otra manifestación, pues la misma cosa puede ser el Yo para una y el no-Yo para otra.
   
Si consideraremos la materia y el espíritu, el Yo y el no-Yo como existentes por sí mismos, de diferente naturaleza esencial y como pares de opuestos, confundiremos los conceptos y plantearemos un falso problema de imposible solución.
   
Sin embargo la realidad no puede explicarse con palabras aunque lo intentemos, pues sólo la individual experiencia nos mostrará la futilidad del problema y la gloriosa verdad.
 

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EL MUNDO DE LA MENTE DIVINA -3

 

Realidad del espíritu y de la materia.

 

   Cuando tratamos de plantear en la realidad del mundo divino cualquiera de los problemas de nuestra vida diaria, vemos que no lo hayamos resuelto sino que ni siquiera merece solución, porque lo ha sustituido la realidad que entrañaba.

  

Así respecto al problema de las relaciones entre el espíritu y la materia, vemos que los conceptos  de espíritu y la materia no tienen el significado que le atribuimos en nuestro ordinario mundo, donde consideramos el espíritu y la materia como dos antagónicas entidades,  como si la materia y el espíritu lo fuesen cada cual por sí mismos.

  

Pero en el mundo de la Mente divina nos vemos en unión con la única Realidad en las que todas las cosas existen y de la que son modalidades de manifestación, desde el átomo ultérrimo hasta la más alta entidad que conozcamos.

 

Entre el átomo ínfimo y el Ser supremo no hay diferencia de calidad ni hay un grupo de manifestaciones a que podamos llamar materia y a tras espíritu. Amabas palabras han perdido significado.

 

En el mundo divino, el átomo de materia es tan real como el supremo Ser, y entre ambos no hay diferencia esencial sino de grado de vida, que en el Supremo alcanza toda su gloriosa e inefable plenitud.

   

Si en el mundo real tratamos de comprender de que proviene la idea de oposición entre el espíritu y l matera, inferimos que cuando una superior manifestación de la Mente divina se pone en contacto con una manifestación inferior, no puede esta expresar aquella y por lo tanto le es una limitación.

 

En el contacto de una manifestación superior de la Mente divina con otra inferior aparece en nuestro mundo imaginal como si la superior estuviera limitada por algo que la encierra, y a este sentido de limitación le llamamos forma.

  

Por el contrario, cuando en el mundo real se pone en contacto con nosotros una manifestación superior de la Mente divina, sentimos en el mundo imaginal lo que llamamos “espíritu” o “vida”. Así es que la manifestación superior le parece a la inferior espíritu o vida, mientras que la inferior manifestación es “materia” o forma respecto de la superior.

   

De aquí resulta que la misma manifestación puede ser vida para la inferior y materia o forma para otra superior. Por ejemplo, el hombre puede ser vida para las manifestaciones inferiores y ser al propio tiempo materia para otras mucho más superiores, a pesar de que en ambos casos es el hombre el mismo ser en sus funciones como vida y en otras como materia.

  

Así pues ¿en dónde está la abrumadora gravedad de nuestro problema sobre la diferencia entre espíritu y materia o entre vida y forma? Lo que llamamos materia es sencillamente el modo en que la inferior manifestación aparece a la superior.

 

Así las palabras espíritu y materia y vida y forma denotan una relación entre las diversas manifestaciones de la Mente divina y no tienen de por sí ningún significado.

  

De la propia suerte, las teosóficas dualidades del Yo y del no-Yo, de purusha y prakriti o como quiera que se le llame, no son distinciones entre diferentes tipos de cosas sino que también son palabras que denotan el modo en que una manifestación de la Mente divina aparece a otra manifestación, pues la misma cosa puede ser el Yo para una y el no-Yo para otra.

  

Si consideraremos la materia y el espíritu, el Yo y el no-Yo como existentes por sí mismos, de diferente naturaleza esencial y como pares de opuestos, confundiremos los conceptos y plantearemos un falso problema de imposible solución.

  

Sin embargo la realidad no puede explicarse con palabras aunque lo intentemos, pues sólo la individual experiencia nos mostrará la futilidad del problema y la gloriosa verdad.

 

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SOBRE EL AMOR -29
 
Dos son las cosas que hacen madurar al hombre: el amor y el sufrimiento 
Johann Messner

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SOBRE EL AMOR -29

 

Dos son las cosas que hacen madurar al hombre: el amor y el sufrimiento

Johann Messner

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REFLEXIONES -47
“Sólo cuando hemos eliminado el daño (y la hostilidad) que llevamos dentro nos volvemos verdaderamente útiles para los demás” 
Sogyal Rimpoché

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REFLEXIONES -47

“Sólo cuando hemos eliminado el daño (y la hostilidad) que llevamos dentro nos volvemos verdaderamente útiles para los demás”

Sogyal Rimpoché

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LA CONCIENCIA: ESCAPE DEL DOLOR -4
El sufrimiento pasado: disolver el cuerpo del dolor.
Mientras se sea incapaz de acceder al poder del Ahora, cualquier dolor emocional que se experimente dejará un residuo de sufrimiento que permanecerá en cada uno.
Se funde con el dolor del pasado, que ya estaba allá, y se aloja en nuestra mente y en nuestro cuerpo.
Esto, por supuesto, incluye el dolor que se sufrió cuando éramos niños, causado por la inconsciencia del mundo en que nacimos.
El dolor acumulado es un campo de energía negativa que ocupa nuestro cuerpo y nuestra mente.
Si lo consideramos como una entidad invisible con derecho propio, se estará bastante cerca de la verdad.
Es el dolor del cuerpo emocional
Tiene dos formas de ser: latente y activo.
Un cuerpo de dolor puede estar latente el noventa por ciento del tiempo; en una persona profundamente infeliz, sin embargo, puede estar activo hasta el cien por ciento del tiempo.
Algunas personas viven casi completamente a través de su cuerpo de dolor, mientras otras pueden experimentarlo solamente en ciertas situaciones, tales como las relaciones íntimas o situaciones ligadas a pérdidas o abandono en el pasado, heridas físicas o emocionales y así sucesivamente.
Cualquier cosa puede dispararlo, especialmente si resuena en un patrón de dolor de su pasado.
Cuando está listo para despertar de su etapa latente, incluso un pensamiento o un comentario inocente hecho por alguien cercano a nosotros puede activarlo.
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LA CONCIENCIA: ESCAPE DEL DOLOR -4

El sufrimiento pasado: disolver el cuerpo del dolor.

Mientras se sea incapaz de acceder al poder del Ahora, cualquier dolor emocional que se experimente dejará un residuo de sufrimiento que permanecerá en cada uno.

Se funde con el dolor del pasado, que ya estaba allá, y se aloja en nuestra mente y en nuestro cuerpo.

Esto, por supuesto, incluye el dolor que se sufrió cuando éramos niños, causado por la inconsciencia del mundo en que nacimos.

El dolor acumulado es un campo de energía negativa que ocupa nuestro cuerpo y nuestra mente.

Si lo consideramos como una entidad invisible con derecho propio, se estará bastante cerca de la verdad.

Es el dolor del cuerpo emocional

Tiene dos formas de ser: latente y activo.

Un cuerpo de dolor puede estar latente el noventa por ciento del tiempo; en una persona profundamente infeliz, sin embargo, puede estar activo hasta el cien por ciento del tiempo.

Algunas personas viven casi completamente a través de su cuerpo de dolor, mientras otras pueden experimentarlo solamente en ciertas situaciones, tales como las relaciones íntimas o situaciones ligadas a pérdidas o abandono en el pasado, heridas físicas o emocionales y así sucesivamente.

Cualquier cosa puede dispararlo, especialmente si resuena en un patrón de dolor de su pasado.

Cuando está listo para despertar de su etapa latente, incluso un pensamiento o un comentario inocente hecho por alguien cercano a nosotros puede activarlo.

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