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REFLEXIONES -54
“Todo aquello que conocemos de grande proviene de los nerviosos. 
Son ellos y no otros quienes han fundado las religiones y compuesto las obras de arte. 
El mundo nunca sabrá todo lo que les debe y, sobre todo, lo que ellos han sufrido para dárselo. 
Apreciamos la fina música, los bellos cuadros, mil delicadezas, pero no sabemos lo que de ellas han costado a quienes las inventaron, de insomnios, de llanto, de risas espasmódicas, de urticarias, de asmas, de epilepsias, de una angustia de morir que es peor que todo eso.”

 Marcel Proust, Le côté de Guermantes 

REFLEXIONES -54

“Todo aquello que conocemos de grande proviene de los nerviosos.

Son ellos y no otros quienes han fundado las religiones y compuesto las obras de arte.

El mundo nunca sabrá todo lo que les debe y, sobre todo, lo que ellos han sufrido para dárselo.

Apreciamos la fina música, los bellos cuadros, mil delicadezas, pero no sabemos lo que de ellas han costado a quienes las inventaron, de insomnios, de llanto, de risas espasmódicas, de urticarias, de asmas, de epilepsias, de una angustia de morir que es peor que todo eso.”

 Marcel Proust, Le côté de Guermantes 

 
Cuando parece como si el fin hubiese sido alcanzado, el designio logrado, y que el hombre no tiene ya nada más que hacer, justamente entonces, cuando parece que lo mejor para él es comer, beber y vivir a sus anchas, a manera de las bestias, y sumido en el mortal escepticismo,  entonces, de hecho, si mirar quisiese tan sólo, las Puertas de Oro ante él están. Con la cultura del siglo en su interior, y habiéndose perfectamente asimilado que él es una encarnación de la misma, entonces está en disposición de intentar el gran paso, que a pesar de ser en absoluto posible; es intentado por tan pocos, aun entre aquellos que pueden hacerlo. Es intentado tan raras veces, en parte a causa de las profundas dificultades que le rodean, pero mucho más influye en lo mismo el que no se convenza el hombre de que ésta es la dirección, en la actualidad, en la que la satisfacción y el placer tienen que ser obtenidos. Cada individuo se siente atraído por ciertos placeres; cada uno de los hombres conoce que en una o en otra especie de sensación encuentra sus mayores delicias. Y naturalmente, durante su vida, a ella de un modo sistemático se dirige no de otra manera el girasol hacia el sol se vuelve, y el lirio sobre el agua se inclina. Pero está luchando continuamente con un hecho terrible que oprime su alma, o sea que tan pronto como ha obtenido su placer, lo pierde, y una vez más tiene que andar en su busca. Más que esto, jamás en la actualidad lo alcanza, porque en el momento final le escapa. Le sucede esto, porque procura coger lo que es impalpable, y satisfacer la sed de su alma con la sensación, por medio del contacto de los objetos externos. ¿Cómo puede lo que es exterior satisfacer, o tan siquiera gustar, al hombre interno, que es el que reina en el interior, y que no tiene ojos para la materia, ni manos para tocar los objetos, ni sentidos con los cuales enterarse de lo que fuera de sus mágicas paredes existe?. Aquellas encantadas barreras que le rodean carecen de límites, porque está en todas partes; debe ser descubierto en todas las cosas vivientes, y no puede concebirse sin él ninguna parte del universo, si éste es considerado como un todo coherente. Si desde el principio no se concede lo anterior, es completamente inútil el considerar la cuestión de lavida. A la verdad, la vida carece de significación, a menos de ser universal y coherente y a menos que sostengamos nuestra existencia a causa del hecho de que somos una parte de aquello que es; no por razón de nuestra propia existencia. 
Este es uno de los más importantes factores en el desenvolvimiento del hombre, el reconocer el profundo y completo reconocimiento de la ley de universal unidad y coherencia. La separación que existe entre los individuos, entre los mundos, entre los diversos polos del universo y de la vida, la fantasía mental y física llamada espacio, es una pesadilla de la imaginación humana. Que las pesadillas existen, y que existen sólo para atormentar, no hay niño que no lo sepa, y lo que necesitamos es la facultad de distinguir entre la tan fantasmagoría del cerebro que a nosotros únicamente concierne, y la fantasmagoría de la vida diaria, en la cual otros también están interesados. Esta regla se aplica también al caso más amplio. 

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Cuando parece como si el fin hubiese sido alcanzado, el designio logrado, y que el hombre no tiene ya nada más que hacer, justamente entonces, cuando parece que lo mejor para él es comer, beber y vivir a sus anchas, a manera de las bestias, y sumido en el mortal escepticismo,  entonces, de hecho, si mirar quisiese tan sólo, las Puertas de Oro ante él están. Con la cultura del siglo en su interior, y habiéndose perfectamente asimilado que él es una encarnación de la misma, entonces está en disposición de intentar el gran paso, que a pesar de ser en absoluto posible; es intentado por tan pocos, aun entre aquellos que pueden hacerlo. Es intentado tan raras veces, en parte a causa de las profundas dificultades que le rodean, pero mucho más influye en lo mismo el que no se convenza el hombre de que ésta es la dirección, en la actualidad, en la que la satisfacción y el placer tienen que ser obtenidos. Cada individuo se siente atraído por ciertos placeres; cada uno de los hombres conoce que en una o en otra especie de sensación encuentra sus mayores delicias. Y naturalmente, durante su vida, a ella de un modo sistemático se dirige no de otra manera el girasol hacia el sol se vuelve, y el lirio sobre el agua se inclina. Pero está luchando continuamente con un hecho terrible que oprime su alma, o sea que tan pronto como ha obtenido su placer, lo pierde, y una vez más tiene que andar en su busca. Más que esto, jamás en la actualidad lo alcanza, porque en el momento final le escapa. Le sucede esto, porque procura coger lo que es impalpable, y satisfacer la sed de su alma con la sensación, por medio del contacto de los objetos externos. ¿Cómo puede lo que es exterior satisfacer, o tan siquiera gustar, al hombre interno, que es el que reina en el interior, y que no tiene ojos para la materia, ni manos para tocar los objetos, ni sentidos con los cuales enterarse de lo que fuera de sus mágicas paredes existe?. Aquellas encantadas barreras que le rodean carecen de límites, porque está en todas partes; debe ser descubierto en todas las cosas vivientes, y no puede concebirse sin él ninguna parte del universo, si éste es considerado como un todo coherente. Si desde el principio no se concede lo anterior, es completamente inútil el considerar la cuestión de lavida. A la verdad, la vida carece de significación, a menos de ser universal y coherente y a menos que sostengamos nuestra existencia a causa del hecho de que somos una parte de aquello que es; no por razón de nuestra propia existencia.

Este es uno de los más importantes factores en el desenvolvimiento del hombre, el reconocer el profundo y completo reconocimiento de la ley de universal unidad y coherencia. La separación que existe entre los individuos, entre los mundos, entre los diversos polos del universo y de la vida, la fantasía mental y física llamada espacio, es una pesadilla de la imaginación humana. Que las pesadillas existen, y que existen sólo para atormentar, no hay niño que no lo sepa, y lo que necesitamos es la facultad de distinguir entre la tan fantasmagoría del cerebro que a nosotros únicamente concierne, y la fantasmagoría de la vida diaria, en la cual otros también están interesados. Esta regla se aplica también al caso más amplio.

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Oye las censuras de los demás; pero reserva tu propia opinión.
 
SHAKESPEARE
 

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Oye las censuras de los demás; pero reserva tu propia opinión.

 

SHAKESPEARE

 

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ZEN -3
 
El Buda estaba perfectamente en lo cierto cuando propuso su “Noble Verdad Cuádruple”, y la primera consiste en que la vida es dolor.
 ¿No venimos todos al mundo vociferando y, en un sentido, protestando? 
 
Para decir lo menos sobre el particular, salir del tibio seno materno hacia  un medio ambiente frío y prohibitivo fue con seguridad un doloroso incidente. 
 
Él crecimiento se acompaña siempre de dolor. 
 
La dentición es un proceso más o menos doloroso. 
 
La pubertad por lo común se acompaña de una perturbación mental al igual que física. 
 
El desarrollo del organismo llamado sociedad está también marcado por dolorosos cataclismos, y en la actualidad somos testigos de uno de sus dolores de parto. 
 
Podemos razonar y decir con calma que todo esto es inevitable, que mientras toda reconstrucción signifique destrucción del antiguo régimen, no podemos sino experimentar una dolorosa operación. 
 
Mas este frío análisis intelectual no alivia cualquier atormentador sentimiento que debamos padecer. 
 
El dolor infligido inmisericordemente en nuestros nervios es inerradicable. 
 
La vida, detrás de toda argumentación, es una dolorosa lucha.
 
Sin embargo, esto es providencial. 
 
Pues cuanto más se sufre, con más hondura crece el carácter, y con la profundización del carácter se lee más penetrantemente en los secretos de la vida. 
 
Todos los grandes artistas, todos los grandes dirigentes religiosos, y todos los grandes reformadores sociales surgieron de intensísimas luchas en las que se enzarzaron con bravura, y muy frecuentemente con lágrimas y corazones sangrantes. 
 
A no ser que se coma el pan con dolor, no puede gustarse la vida real. Mencio tiene razón cuando dice que cuando el Cielo quiere perfeccionar a un gran hombre, lo pone a prueba de todos los modos posibles, hasta que éste sale triunfante de todas sus dolorosas experiencias.
 

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ZEN -3

 

El Buda estaba perfectamente en lo cierto cuando propuso su “Noble Verdad Cuádruple”, y la primera consiste en que la vida es dolor.

 ¿No venimos todos al mundo vociferando y, en un sentido, protestando?

 

Para decir lo menos sobre el particular, salir del tibio seno materno hacia  un medio ambiente frío y prohibitivo fue con seguridad un doloroso incidente.

 

Él crecimiento se acompaña siempre de dolor.

 

La dentición es un proceso más o menos doloroso.

 

La pubertad por lo común se acompaña de una perturbación mental al igual que física.

 

El desarrollo del organismo llamado sociedad está también marcado por dolorosos cataclismos, y en la actualidad somos testigos de uno de sus dolores de parto.

 

Podemos razonar y decir con calma que todo esto es inevitable, que mientras toda reconstrucción signifique destrucción del antiguo régimen, no podemos sino experimentar una dolorosa operación.

 

Mas este frío análisis intelectual no alivia cualquier atormentador sentimiento que debamos padecer.

 

El dolor infligido inmisericordemente en nuestros nervios es inerradicable.

 

La vida, detrás de toda argumentación, es una dolorosa lucha.

 

Sin embargo, esto es providencial.

 

Pues cuanto más se sufre, con más hondura crece el carácter, y con la profundización del carácter se lee más penetrantemente en los secretos de la vida.

 

Todos los grandes artistas, todos los grandes dirigentes religiosos, y todos los grandes reformadores sociales surgieron de intensísimas luchas en las que se enzarzaron con bravura, y muy frecuentemente con lágrimas y corazones sangrantes.

 

A no ser que se coma el pan con dolor, no puede gustarse la vida real. Mencio tiene razón cuando dice que cuando el Cielo quiere perfeccionar a un gran hombre, lo pone a prueba de todos los modos posibles, hasta que éste sale triunfante de todas sus dolorosas experiencias.

 

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SOBRE EL AMOR -32
 
Ama y haz lo que quieras. 
Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor
Cayo Cornelio Tácito
 

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SOBRE EL AMOR -32

 

Ama y haz lo que quieras.

Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor

Cayo Cornelio Tácito

 

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REFLEXIONES -53
 
“Siempre hay algo de demencia en el amor y siempre hay algo de razón en la demencia.” 
 

Friedrich Nietzsche

 

REFLEXIONES -53

 

“Siempre hay algo de demencia en el amor y siempre hay algo de razón en la demencia.”

 

Friedrich Nietzsche

Del mismo modo el poeta necesita el alimento de innumerables poetastros. Él es la esencia del poder poético de su tiempo y de los tiempos anteriores a él. Es imposible separar un individuo de cualquier especie, de sus congéneres. Por lo tanto, si en lugar de aceptar lo desconocido como incognoscible, los hombres, de común acuerdo, a él dirigiesen sus pensamientos, estas Puertas de Oro no permanecerían tan inexorablemente cerradas. Sólo se necesita una mano fuerte para empujarlas y abrirlas. El valor para entrar en ellas, es el mismo que sé necesita para penetrar en lo más secreto de la propia naturaleza de uno, sin miedo ni vacilación. En la más delicada porción, la esencia, el perfume del hombre, se encuentra la llave con la cual estas grandes puertas se abren. Y una vez abiertas, ¿Qué es lo que allí se encuentra?. Voces existen aquí y allí, que en medio del largo silencio de los siglos, a la pregunta contestan; todos los que por ellas han pasado han dejado tras de sí palabras amanera de legados para los que son como ellos. En estas palabras podemos encontrar definidas algunas indicaciones acerca de lo que se ve más allá de las puertas. Pero únicamente aquellos que desean emprender este camino pueden leer el significado oculto que tras de las palabras se esconde. Los sabios, o, mejor dicho, los comentadores, leen los sagrados libros de diferentes naciones, los de poesía y de filosofía, debidos a encumbradas inteligencias, y en ellos únicamente encuentran mero materialismo. La imaginación, glorificando las leyendas de la naturaleza, o exagerando las posibilidades psíquicas del hombre, les explica todo cuanto ellos encuentran en las biblias de la humanidad. Todo cuanto existe en las palabras de estos libros, existe en cada uno de nosotros y es imposible encontrar, tanto en la literatura, como en cualquiera de las direcciones en que la inteligencia se lance, lo que no existe en el hombre que estudia. Esto es, por supuesto, un hecho evidente conocido por todos los 10 verdaderos estudiantes. Pero tiene que ser especialmente recordado, con referencia a este asunto oscuro y profundo, desde el momento en que con tanta facilidad creen los hombres que nada para los demás puede existir; allí donde encuentran ellos el vacío únicamente. De una cosa pronto se apercibe el hombre que lee. Todos los que se han adelantado, no han encontrado que las Puertas de Oro conduzcan al olvido. Al contrario, en cuanto el umbral de las mismas se ha cruzado por vez primera la sensación es real. Pero pertenece a un nuevo orden, a un orden desconocido para nosotros en la actualidad, y que no podemos apreciar sin que, por lo menos, poseamos alguna indicación respecto de su carácter. Esta indicación puede indudablemente ser obtenida por cualquier estudiante que se familiarice con toda la literatura que para nosotros es accesible. Los libros y manuscritos místicos existen, pero permanecen inaccesibles, sencillamente porque no existe hombre alguno en disposición de leer la primera página de cualquiera de ellos que no se convenza como los que han estudiado el asunto suficientemente. Debe existir una línea continua al través de estos conocimientos; vemos nosotros pasar de la más densa ignorancia a la sabiduría; es natural únicamente que podamos obtener el conocimiento intuitivo y la inspiración. Algunos escasos fragmentos poseemos de estos grandes dones del hombre; ¿En dónde, pues, está el todo del cual deben ellos constituir una parte?  Escondido tras el sutil y, al parecer, infranqueable velo, que lo oculta de nosotros, como oculta toda ciencia, todo arte, todos los poderes del hombre, hasta que éste tiene el valor suficiente para rasgarlo. Este valor procede únicamente de la convicción. Una vez que un hombre cree que aquello que desea existe, tratará de obtenerlo a toda costa. La dificultad en este caso estriba en la incredulidad del hombre. Es necesario mucho tiempo y gran concentración del pensamiento para poderse lanzar en dirección de la región desconocida de la naturaleza del hombre, con objeto de que las puertas puedan abrirse y ser sus gloriosas perspectivas exploradas. Que merece la pena de hacerse esto, suceda lo que suceda, todo debe conducirle a creerlo al que ha hecho la triste pregunta del siglo corriente… ¿Esla vida digna de vivirse? Seguramente es lo suficiente para incitar al hombre aún nuevo esfuerzo la sospecha de que más allá de la civilización, más allá de la cultura mental, más allá del arte y de la perfección mecánica, existe algo nuevo, otro vestíbulo que nos admite a las realidades de la vida. 

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Del mismo modo el poeta necesita el alimento de innumerables poetastros. Él es la esencia del poder poético de su tiempo y de los tiempos anteriores a él. Es imposible separar un individuo de cualquier especie, de sus congéneres. Por lo tanto, si en lugar de aceptar lo desconocido como incognoscible, los hombres, de común acuerdo, a él dirigiesen sus pensamientos, estas Puertas de Oro no permanecerían tan inexorablemente cerradas. Sólo se necesita una mano fuerte para empujarlas y abrirlas. El valor para entrar en ellas, es el mismo que sé necesita para penetrar en lo más secreto de la propia naturaleza de uno, sin miedo ni vacilación. En la más delicada porción, la esencia, el perfume del hombre, se encuentra la llave con la cual estas grandes puertas se abren. Y una vez abiertas, ¿Qué es lo que allí se encuentra?. Voces existen aquí y allí, que en medio del largo silencio de los siglos, a la pregunta contestan; todos los que por ellas han pasado han dejado tras de sí palabras amanera de legados para los que son como ellos. En estas palabras podemos encontrar definidas algunas indicaciones acerca de lo que se ve más allá de las puertas. Pero únicamente aquellos que desean emprender este camino pueden leer el significado oculto que tras de las palabras se esconde. Los sabios, o, mejor dicho, los comentadores, leen los sagrados libros de diferentes naciones, los de poesía y de filosofía, debidos a encumbradas inteligencias, y en ellos únicamente encuentran mero materialismo. La imaginación, glorificando las leyendas de la naturaleza, o exagerando las posibilidades psíquicas del hombre, les explica todo cuanto ellos encuentran en las biblias de la humanidad. Todo cuanto existe en las palabras de estos libros, existe en cada uno de nosotros y es imposible encontrar, tanto en la literatura, como en cualquiera de las direcciones en que la inteligencia se lance, lo que no existe en el hombre que estudia. Esto es, por supuesto, un hecho evidente conocido por todos los 10 verdaderos estudiantes. Pero tiene que ser especialmente recordado, con referencia a este asunto oscuro y profundo, desde el momento en que con tanta facilidad creen los hombres que nada para los demás puede existir; allí donde encuentran ellos el vacío únicamente. De una cosa pronto se apercibe el hombre que lee. Todos los que se han adelantado, no han encontrado que las Puertas de Oro conduzcan al olvido. Al contrario, en cuanto el umbral de las mismas se ha cruzado por vez primera la sensación es real. Pero pertenece a un nuevo orden, a un orden desconocido para nosotros en la actualidad, y que no podemos apreciar sin que, por lo menos, poseamos alguna indicación respecto de su carácter. Esta indicación puede indudablemente ser obtenida por cualquier estudiante que se familiarice con toda la literatura que para nosotros es accesible. Los libros y manuscritos místicos existen, pero permanecen inaccesibles, sencillamente porque no existe hombre alguno en disposición de leer la primera página de cualquiera de ellos que no se convenza como los que han estudiado el asunto suficientemente. Debe existir una línea continua al través de estos conocimientos; vemos nosotros pasar de la más densa ignorancia a la sabiduría; es natural únicamente que podamos obtener el conocimiento intuitivo y la inspiración. Algunos escasos fragmentos poseemos de estos grandes dones del hombre; ¿En dónde, pues, está el todo del cual deben ellos constituir una parte?  Escondido tras el sutil y, al parecer, infranqueable velo, que lo oculta de nosotros, como oculta toda ciencia, todo arte, todos los poderes del hombre, hasta que éste tiene el valor suficiente para rasgarlo. Este valor procede únicamente de la convicción. Una vez que un hombre cree que aquello que desea existe, tratará de obtenerlo a toda costa. La dificultad en este caso estriba en la incredulidad del hombre. Es necesario mucho tiempo y gran concentración del pensamiento para poderse lanzar en dirección de la región desconocida de la naturaleza del hombre, con objeto de que las puertas puedan abrirse y ser sus gloriosas perspectivas exploradas. Que merece la pena de hacerse esto, suceda lo que suceda, todo debe conducirle a creerlo al que ha hecho la triste pregunta del siglo corriente… ¿Esla vida digna de vivirse? Seguramente es lo suficiente para incitar al hombre aún nuevo esfuerzo la sospecha de que más allá de la civilización, más allá de la cultura mental, más allá del arte y de la perfección mecánica, existe algo nuevo, otro vestíbulo que nos admite a las realidades de la vida.

* * *

Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras.
 
SHAKESPEARE
 

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Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras.

 

SHAKESPEARE

 

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Una cima existe a la cual llega por medio de inmensos y colectivos esfuerzos, y en la cual resplandece la más brillante eflorescencia de todas las cualidades intelectuales, mentales y materiales de su naturaleza. El colmo de la perfección sensual es alcanzado. Y entonces su energía se debilita, su poder disminuye y desciende al través del desaliento y de la saciedad hasta la barbarie. ¿Por qué no permanece en la cumbre de la montaña a la cual ha llegado, y mirando los lejanos montes no se resuelve a escalar sus mayores alturas?  Porque es ignorante, y viendo un gran resplandor a distancia, baja sus ojos deslumbrados, y vuelve atrás para continuar en la sombría pendiente de su montaña familiar. Todavía ha existido y existe alguno suficientemente decidido para mirar sin bajar los ojos y para descifrar algo de lo que en el mismo se oculta. Poetas y filósofos, pensadores y maestros, todos aquellos que son los “hermanos mayores de la raza”, han gozado de esta vista de tiempo en tiempo, y algunos de ellos han reconocido en el resplandor confuso, el contorno de las Puertas de Oro. Estas puertas nos admiten al santuario de la misma naturaleza del hombre, al lugar de donde su vida y poder procede, y en donde él es sacerdote del santuario de la vida. Que es posible entrar, que es posible pasar al través de estas puertas, uno o dos nos lo han demostrado. Platón, Shakespeare, y unos pocos fuertes mas, han pasado por ellas, y en enigmático lenguaje nos han hablado de las cercanías de las mismas. Cuando el hombre fuerte ha cruzado el umbral, ya no se dice nada más a los que al otro lado permanecen. Y hasta las palabras que pronuncia cuando todavía por ellas no ha pasado, están tan llenas de misterio, que únicamente los que siguen sus pasos pueden ver brillar la luz en las mismas.  Lo que los hombres desean es saber cómo cambiar el dolor por el placer; o lo que es lo mismo, encontrar por medio de qué procedimiento puede regularse la conciencia, con objeto de que la sensación más agradable sea laque se experimente. Si puede esto descubrirse por el esfuerzo del pensamiento humano, es por lo menos una cuestión digna de tenerse en cuenta.  
Si la mente del hombre permanece fija en algún asunto determinado con la concentración suficiente, obtiene la iluminación con respecto al mismo, más pronto o más tarde. El individuo en quien la iluminación aparece, es llamado un genio, un inventor, un inspirado. Pero él es únicamente la síntesis de una grande obra mental verificada en tomo suyo por hombres desconocidos, de los cuales algunos están separados de él por grandes distancias; sin ellos hubiera carecido del material necesario para su empresa. 

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Una cima existe a la cual llega por medio de inmensos y colectivos esfuerzos, y en la cual resplandece la más brillante eflorescencia de todas las cualidades intelectuales, mentales y materiales de su naturaleza. El colmo de la perfección sensual es alcanzado. Y entonces su energía se debilita, su poder disminuye y desciende al través del desaliento y de la saciedad hasta la barbarie. ¿Por qué no permanece en la cumbre de la montaña a la cual ha llegado, y mirando los lejanos montes no se resuelve a escalar sus mayores alturas?  Porque es ignorante, y viendo un gran resplandor a distancia, baja sus ojos deslumbrados, y vuelve atrás para continuar en la sombría pendiente de su montaña familiar. Todavía ha existido y existe alguno suficientemente decidido para mirar sin bajar los ojos y para descifrar algo de lo que en el mismo se oculta. Poetas y filósofos, pensadores y maestros, todos aquellos que son los “hermanos mayores de la raza”, han gozado de esta vista de tiempo en tiempo, y algunos de ellos han reconocido en el resplandor confuso, el contorno de las Puertas de Oro. Estas puertas nos admiten al santuario de la misma naturaleza del hombre, al lugar de donde su vida y poder procede, y en donde él es sacerdote del santuario de la vida. Que es posible entrar, que es posible pasar al través de estas puertas, uno o dos nos lo han demostrado. Platón, Shakespeare, y unos pocos fuertes mas, han pasado por ellas, y en enigmático lenguaje nos han hablado de las cercanías de las mismas. Cuando el hombre fuerte ha cruzado el umbral, ya no se dice nada más a los que al otro lado permanecen. Y hasta las palabras que pronuncia cuando todavía por ellas no ha pasado, están tan llenas de misterio, que únicamente los que siguen sus pasos pueden ver brillar la luz en las mismas.  Lo que los hombres desean es saber cómo cambiar el dolor por el placer; o lo que es lo mismo, encontrar por medio de qué procedimiento puede regularse la conciencia, con objeto de que la sensación más agradable sea laque se experimente. Si puede esto descubrirse por el esfuerzo del pensamiento humano, es por lo menos una cuestión digna de tenerse en cuenta.  

Si la mente del hombre permanece fija en algún asunto determinado con la concentración suficiente, obtiene la iluminación con respecto al mismo, más pronto o más tarde. El individuo en quien la iluminación aparece, es llamado un genio, un inventor, un inspirado. Pero él es únicamente la síntesis de una grande obra mental verificada en tomo suyo por hombres desconocidos, de los cuales algunos están separados de él por grandes distancias; sin ellos hubiera carecido del material necesario para su empresa.

* * *

 
No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande.
 
SHAKESPEARE
 

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No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande.

 

SHAKESPEARE

 

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